Dieta carnívora, ¿buen enfoque alimentario?

Dieta carnívora

La dieta carnívora es diametralmente opuesta a lo que dictan las recomendaciones alimentarias oficiales (no siempre respaldadas por la ciencia, pero sí influenciadas por los conflictos de interés con las empresas que conforman la industria alimentaria), y sin embargo, para muchos ha supuesto un beneficio en cuanto a pérdida de grasa y mejora de composición corporal se refiere.

Pero, a nivel de salud y a medio-largo plazo, ¿es adecuada y factible?.

Como venía diciendo, el dogma oficial que mueve y condiciona las creencias populares se posiciona en pro de los carbohidratos (no siempre complejos), en contra de una alimentación rica en grasas (especialmente si son saturadas), considera la carne fresca de igual calidad que la procesada, y promueve un poco probado etc. de afirmaciones que no acaban de ser las que más benefician a la utilización de nuestras reservas grasas y la pérdida de peso.

Dieta carnívora viabilidad

¿En qué consiste la dieta carnívora?

Este patrón alimentario está basado en incluir únicamente alimentos de origen animal, y no vale cualquier producto. 

Existen variantes en función de las limitaciones que se apliquen, siendo la modalidad más restrictiva la que sólo contempla la ingesta de animales alimentados con pasto (carne, vísceras, caldo de huesos y agua). A esta le siguen variantes menos extremas y más moderadas que incluyen pescado salvaje, y en los casos más laxos, lácteos y huevos.

Esta alimentación buscan imitar al patrón alimentario de poblaciones humanas que habitaban el ártico (inuits), expuestos a condiciones climatológicas extremas, y dependiendo de la caza y la pesca para sobrevivir.

En definitiva, es una alimentación que excluye por completo alimentos de origen vegetal (verdura, fruta, legumbres, cereales, pseudocereales, tubérculos, semillas, y frutos secos) e hidratos de carbono. Ello implica una ausencia de fibra alimentaria, que puede derivar en consecuencias poco favorables para la salud intestinal y general a largo plazo en la “mayoría” de las personas que decidan seguirla de forma mantenida en el tiempo.

La literatura científica disponible al respecto de la dieta carnívora es limitada. Podemos encontrar únicamente reportes de casos que demuestran una remisión o mejora de ciertas patologías, pero esto también se logra con otros planteamientos dietéticos mucho más flexibles, y con argumentos sólidos cuyo uso está respaldado desde la comunidad científica.

De lo que intentan convencernos.

Los seguidores que promueven la dieta carnívora afirman que:

  • Los vegetales dañan nuestra salud intestinal, en un intento de que no ser digeridos por sus adversarios. No los necesitamos para la vida, ya que los animales proveen de todos los nutrientes esenciales que necesita el ser humano.
  • Las personas que siguen la dieta carnívora no presentan síntomas de déficit de vitamina C, “único” nutriente esencial cuya ingesta diaria recomendada no se cubre, pero cuyas necesidades están disminuidas en dietas bajas en hidratos.
  • La fibra no es un nutriente esencial para la vida e incluso puede perjudicar a tu microbiota intestinal. Además, el butirato, producto beneficioso se produce resultado de la fermentación de la fibra por la microbiota, se produce de forma normal en estados de cetosis.
  • En la dieta carnívora la digestibilidad es mayor, y se obtienen beneficios terapéuticos en patologías digestivas y autoinmunes.
  • La pérdida de grasa está muy favorecida (con sus beneficios en salud asociados) y existe mayor claridad mental.
  • Las dietas altas en proteína y grasa tienen mucho sentido desde el punto de vista evolutivo. A lo largo de la historia, el ser humano no sólo ha sobrevivido sin vegetales, si no que enferma menos.

¿Qué hay de cierto en todo esto? ¿Es comparable el contexto y la disponibilidad alimentaria de poblaciones humanas que viven en regiones polares del planeta con el de la población occidental? ¿Está sesgado y maquillado el mensaje? En la segunda parte trataremos de aportar una visión crítica y algo de luz.

¿Beneficios o perjuicios? Parte 2.

Es cierto que, este enfoque alimentario cumple con algunas de las características de una dieta que favorece la pérdida de grasa corporal:

  • es alta en proteínas de alto valor biológico
  • baja en carbohidratos y alta en grasas,
    • lo que induce a un estado de cetosis fisiológica, en la que el organismo obtiene energía de las reservas grasas, al no haber glucosa disponible.

No es discutible que esta dieta logra alcanzar una pérdida de grasa (pero… ¿a qué precio? ¿conocemos su seguridad a largo plazo?).

También lo que es que hay evidencia científica de que enfoques dietéticos similares a este (no tan estrictos e incluyendo alimentos de origen vegetal) han demostrado tener efectos terapéuticos en patologías autoinmunes y digestivas.

Por otro lado, sí, los vegetales causan sintomatología intestinal en casos de disbiosis o enfermedad inflamatoria intestinal. Pero, sostener que podemos mantener un buen estado de salud sin incluir alimentos prebióticos, de una gran densidad nutricional, y que fortalecen a nuestro sistema inmune y salud general, es una afirmación simplista, tergiversada, poco ética e irresponsable. Ah, y contraria a la ciencia.

En la segunda parte de este artículo analizaremos qué dice la ciencia al respecto de las afirmaciones arriba mencionadas. Revisaremos la importancia del contexto, las ventajas y desventajas de basar la alimentación en carne de pasto.

Ves a la parte 2 para despejar la incertidumbre sembrada en torno a la dieta carnívora (¿es un modelo válido e inocuo?), y conocer en qué casos podría contemplarse como una solución terapéutica.

Adaptado de: Fitness Revolucionario.