Como identificar los trastornos alimentarios

Trastornos alimentarios

Los médicos nos advierten de los peligros potenciales del sobrepeso, pero estar delgada no se considera malo. Resultaría un problema cuando estar delgada se convierte en una necesidad compulsiva, en nuestra razón de ser. Cuando esto sucede, entonces podríamos estar ante lo que se denominan trastornos de la conducta alimentaria (TCA).

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Inteligencia emocional: ¿Has sufrido un secuestro emocional?

Inteligencia emocional

INTELIGENCIA EMOCIONAL

Seguramente todos hayamos escuchando y nos hayamos preguntado ¿qué es la inteligencia emocional? En anteriores entradas hablamos sobre qué es y qué hábitos tienen las personas con una buena inteligencia. Si no lo leíste, puedes hacerlo ahora.

Hoy os preguntamos si os suena la siguiente expresión: “cuando me enfado no puedo controlarme y acabo diciendo cosas que no quiero”. Si quieres saber cómo gestionar esa pérdida de control emocional, sigue leyendo este post.

Diferencia entre emoción, sentimiento y estado de ánimo.

Son diferentes porque tienen una duración diferente. La emoción dura desde segundos hasta una serie de minutos. Un sentimiento es un poco más duradero, puede durar unas cuantas horas o incluso un par de días. Por último, si hablamos de estado de ánimo, la durabilidad es mucho mayor. Podemos hablar de este cuando se ha quedado ahí la emoción “medio enquistada” puesto que no la hemos gestionado bien y la arrastramos durante alguna semana o durante más tiempo si hablamos de una patología.

La zona del cerebro donde se estimula también las diferencia. El cerebro límbico es la parte que más se estimula cuando estamos sintiendo una emoción. El neocortex es la que se estimula cuando estamos sintiendo un sentimiento.

En definitiva:

Los sentimientos son reacciones que eliges tener.

La emoción siempre va primero, sin emoción no va a haber un sentimiento.

Una emoción se siente, un sentimiento se piensa.

Así, una manera correcta de empezar es identificando nuestras emociones y para entendernos a nosotros mismos y poner fin a “cuando me enfado no puedo controlarme y acabo diciendo cosas que no quiero”, primero tenemos que entender el concepto acuñado por Daniel Goleman, en su libro “Inteligencia emocional”.

Secuestro emocional.

Este concepto se trata de una hiperestimulación de la amígdala y para entender lo que provoca en nuestro cerebro vamos a poner el símil de una barrera. Imaginemos una barrera entre el cerebro límbico (encargado de nuestras emociones) y el neocórtex (encargado de las habilidades cognitivas las cuales nos permiten razonar). Esta barrera impide su comunicación y con ello el pensar racionalmente y así actuar en función a nuestra emoción.

Este, entre otros efectos, puede provocar pérdidas de memoria, no recordar detalles al verse afectado el hipocampo puesto que como hemos dicho se impiden las comunicaciones. De ahí que cuando nos pregunten “¿y qué te dijo?” o “¿cómo iba vestido?” quizá digamos “no me acuerdo”.

Fruto de esa desconexión, hasta que no “pasa la tormenta” no somos capaces de analizarlo.

Esto puede ser sinónimo de:

Cuando la emoción está alta, la inteligencia está baja.

Así que, un primer TIP que os proponemos y ayuda a regularnos es:

Párate, respira, y cuenta hasta 10.

Seguramente lo hayas oído a lo largo de tu vida, y como casi todos los dichos tienen parte de verdad. Tardamos entre 4 y 8 segundos en desmontar esa “barrera” entre el cerebro límbico y el neocórtex. Es decir, precisamente se trata de una estrategia muy inteligente porque, cuando empiezas a contar, activas el neocórtex y la lógica de tu cerebro. Por lo que, detente, respira, tómate un vaso de agua y analiza la situación.

Cómo gestionar mis emociones antes de este momento.

El primer paso para gestionar es saber interpretar. Según el modelo de habilidad de Mayer y Salovey, la inteligencia emocional es un conjunto de 4 habilidades: identificar, utilizar, comprender y manejar adecuadamente las emociones.

Para saber identificar qué estás sintiendo, céntrate en prestarte atención y pregúntate:

  • Cómo estoy de energía del 0 al 10.
  • Del 0 a 10 cuán agradable es lo que estoy sintiendo ahora mismo (sin etiquetar).
  • Dónde estoy sintiendo en mi organismo (por ejemplo, ¿estoy sintiendo frío o calor?, ¿cómo está mi respiración?, ¿estoy tenso o quizá mi postura corporal sea encorvada?).

Las seis emociones básicas.

Ahora trata de expresarla, ¿cómo se llama lo que estás sintiendo? Puedes ayudarte con la siguiente imagen:



Paul Ekman realizó una investigación en que comprobó que existe una serie de expresiones que son universales e interculturales y nos ayudan a la hora de interpretar la inteligencia emocional (las seis emociones básicas representadas en el centro de la imagen).

  • Ira. Sentimiento de enfado, irritabilidad o indignación cuando se es agraviado u ofendido.
  • Alegría. Sensación agradable de satisfacción y bienestar.
  • Sorpresa. Malestar o asombro ante algo inesperado.
  • Asco. Condena o intenso desagrado hacia algo repulsivo o repugnante.
  • Tristeza. Sensación de desdicha o infelicidad.
  • Miedo. Aprehensión provocada por generalmente por sensación de amenaza, peligro, o dolor.

Fruto de la combinación de éstas existen multitud de emociones secundarias como podéis reconocer en la imagen anterior.


¿Cómo utilizar mis emociones?

Cualquiera puede ponerse furioso…eso es fácil. Pero estar furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto, y de la forma correcta… eso no es fácil.

Aristóteles

Cuando nos vayamos a enfrentar a cualquier situación, debemos ser conscientes de qué estamos sintiendo y para qué nos sirve en lo que queremos hacer.

Primero darnos cuenta de cómo nos afectan nuestras emociones a nuestras habilidades cognitivas. Identificar cuáles son las habilidades cognitivas más importantes que tenemos que poner en juego y darnos cuenta de cómo alguna de las emociones que mayoritariamente sentimos nos afectan.

Por ejemplo si estamos en una reunión de trabajo y queremos presentar nuestro producto necesitaremos habilidades de venta y negociación. ¿Qué emoción me aportaría más beneficios para lograr mi objetivo: miedo u orgullo?

Pregúntate:

¿Es el momento de sentir esto?

¿Lo estoy sintiendo con la persona correcta?

¿Lo estoy sintiendo de la forma correcta?

¿Lo estoy expresando de forma correcta?


Ahora trata de comprenderlo.

NUESTRO PROPIO ESTADO EMOCIONAL ESTÁ CONDICIONANDO CÓMO PROCESAMOS LA REALIDAD.

La predisposición a reaccionar con miedo, depende de la cantidad de miedo que ya esté presente en nosotros para ser desencadenado por un estímulo.

David R. Hawkins

En diferentes estudios con metodología de seguimiento ocular donde se mostraban diferentes imágenes positivas, negativas y neutrales se han observado claramente dos efectos: una vigilancia temprana ante estímulos amenazadores en sujetos con puntuaciones elevadas en ansiedad; y un sesgo atencional hacia estímulos negativos así como una difícil desconexión de estos en sujetos con puntuaciones elevadas en depresión.

Lo cual se convierte en un círculo vicioso: me siento triste y presto atención a estímulos tristes, por lo que difícilmente dejaré de estar triste.

Así que, una manera es mejorar nuestro AUTOCONTROL.

Para ello es necesario APRENDER A DETECTAR QUÉ COSAS / SITUACIONES TE GENERAN EMOCIONES MUY INTENSAS.

Puedes ayudarte completando una lista y terminar la frase:

Me irrita…” o

“LO QUE ME HA MOLESTADO DE ESTA SITUACIÓN ES…”

tantas veces como puedas. 

Entre el estímulo y la respuesta está nuestra capacidad de decidir.

Por ejemplo, si yo me enfado mucho y me preguntas por qué me he enfadado y yo te digo, me he enfadado porque mi amigo Pepe me ha enfadado.

Stephen Covey decía,

Si es verdaderamente ese estímulo el que ha provocado la respuesta, siempre provocaría la misma respuesta, pero esto no siempre ocurre.

En este punto, trabajar nuestra ASERTIVIDAD resulta clave.


Yo no soy mis emociones, yo me comporto de esta manera.

Seguramente hayáis escuchado o pronunciado similares a las siguientes frases: “PEDRO ES UN TRISTE”, “ESTE NIÑO ES UN ENFADICA” “ESTA PERSONA SIEMPRE LO VE DE COLOR DE ROSA, ES MUY ALEGRE”.

Esto no es así, que yo sienta algo, no significa que soy, porque si soy tan solo eso, puede que no sea otra cosa. Que yo me sienta más cómodo llevando a cabo una conducta en un momento y lugar específico no significa que sea de esa manera, significa que en ese momento mi comportamiento ha sido ese, y seguramente no sea el mismo en todas las situaciones.

Si quieres aprender más con nosotros no te pierdas nuestro blog o instagram.

No somos responsables de las emociones pero sí de lo que hacemos con las emociones.

Jorge Bucay

¿PUEDE EL ESTRÉS AFECTAR MI SISTEMA INMUNE?

Estrés sistema inmune

Actualmente, un agravante constante de las enfermedades es el estrés crónico. El vivir con estrés constante proveniente de nuestras relaciones, el trabajo, responsabilidades económicas, etc., hacen que los niveles de estrés en nuestro organismo se incrementen y se vuelvan constantes. Son las cargas altas de estrés prolongadas en el tiempo las que pueden acarrear problemas en nuestra salud. 

Estrés continuado


El estrés crónico se considera como la enfermedad del siglo XXI. Ahora vivir bajo estrés constante se convirtió en algo normal. Pero es una situación que puede ser completamente nociva porque deprime nuestro sistema inmunológico. Y es que el estrés, afecta la forma en la que el organismo genera una respuesta de defensa fuerte alterando la movilización de las células a lugares donde hay inflamación o alguna infección. Por esta razón, se hace necesario, aprender a mitigar el estrés psicológico que puede afectar nuestro sistema inmunológico y por ende, dejarnos más susceptibles a la inflamación y a las infecciones.

Estrés en el trabajo

CONOZCAMOS NUESTRO SISTEMA INMUNE

Nuestro sistema, se ha ido adaptando a lo largo de la evolución para combatir a los distintos patógenos que representan una amenaza. Ya sea haciendo una barrera que impida su entrada a nuestro organismo, o rastreándolos hasta destruirlos. En esta respuesta adaptativa participan dos sistemas principalmente: el inmunológico y el nervioso. Cuando se presenta una amenaza (antígeno) hay un constante intercambio de mensajes entre estos dos sistemas intentando mantener al organismo libre de agentes infecciosos. Pero antes de avanzar en la afectación que puede tener el estrés sobre el sistema inmune, entendamos en qué consiste ‘‘el estrés’’.

Sistema inmune

Nuestro sistema, se ha ido adaptando a lo largo de la evolución para combatir a los distintos patógenos que representan una amenaza. Ya sea haciendo una barrera que impida su entrada a nuestro organismo, o rastreándolos hasta destruirlos. En esta respuesta adaptativa participan dos sistemas principalmente: el inmunológico y el nervioso. Cuando se presenta una amenaza (antígeno) hay un constante intercambio de mensajes entre estos dos sistemas intentando mantener al organismo libre de agentes infecciosos. Pero antes de avanzar en la afectación que puede tener el estrés sobre el sistema inmune, entendamos en qué consiste ‘‘el estrés’’.

¿QUÉ ES EL ESTRÉS?

El estrés puede surgir a raíz de muchas cosas. Ya no solo se trata de eventos particulares que pueden llegar a ser traumáticos como el tener que escapar de una amenaza súbita. Sino de los estresores constantes que tenemos cada día y todo el día. El trabajo, las relaciones (amigos, pareja, familiares, etc), el tráfico, las tareas pendientes, un comentario que alguien hizo y nos disgustó, dificultades económicas y todas las responsabilidades o preocupaciones en general. Estresores que constantemente estimulan la actividad de nuestro sistema nervioso y psicológico causando un desgaste. Sin embargo, ese desgaste no se genera únicamente a raíz de estos eventos, sino también con otros factores como los hábitos, la dieta, la falta de ejercicio, falta de sueño, el uso de sustancias, entre otros. Ya puedes ver que en la mayoría de casos, tenemos una vida estresada.

Nuestro organismo, reacciona al estrés inmediato con hormonas que nos protegen en el momento y promueven la adaptación. Pero cuando ese estrés ‘‘inmediato’’ se prolonga al largo plazo, ocurren cambios en el organismo que promueven la enfermedad.

Nuestra respuestas al estrés están reguladas por las glándulas suprarrenales y estas a su vez son estimuladas por el sistema nervioso simpático. En estas glándulas es donde se producen los corticosteroides. Las hormonas que se producen ante situaciones de estrés: principalmente el cortisol, pero también la adrenalina. Ahora, conozcamos a esta hormona que se produce primeramente.

Estrés fisiológico

EL CORTISOL: LA HORMONA DEL ESTRÉS

El cortisol, es una hormona esteroidea producida por las glándulas suprarrenales ubicadas en los riñones. Las situaciones de estrés (independientemente del origen del estrés) son interpretadas por nuestro organismo como situaciones de peligro de las cuales debemos escapar. Esa interpretación, el cuerpo lo hace a través de señales que llegan al cerebro y generan reacciones en cadena en nuestro sistema que, estimulan luego, la producción de hormonas como el cortisol.

Ya que debemos escapar de dichas situaciones amenazantes, el cortisol se encarga de aumentar la síntesis de glucosa haciendo que esta esté disponible en el torrente sanguíneo y así poder acceder a la energía necesaria para ‘‘escapar’’.

¿QUÉ ES EL SISTEMA INMUNE?

Ahora conozcamos un poco de nuestro sistema de defensas. Primero debemos comprender cómo funciona nuestro sistema inmune. Los seres humanos tenemos dos tipos de inmunidad, la innata (o natural) y la adaptativa (o específica).

Dentro de la inmunidad innata, hay células que atacan muchos tipos de agentes patógenos en un tiempo relativamente corto. Son como células multipropósito. Estas células son reclutadas al lugar donde ocurre la herida, lesión o la infección por lo que la respuesta generalizada que generan estas células es la inflamación. Dentro de estas células encontramos a las células NK (o Natural Killer) que destruyen células infectadas, y los neutrófilos y los macrófagos. Estos últimos, destruyen agentes patógenos a través de un proceso llamado fagocitosis. Proceso que se puede entender como comerse el patógeno para poder degradarlo y destruirlo.

sistema inmune humano

Mientras tanto, la inmunidad adaptativa, tiene una forma de ataque mucho más específica y la vez, un poco más lenta. Se llama adaptativa porque el sistema inmune aprende a reconocer los agentes patógenos específicos y adapta mecanismos de defensa especiales para cada uno. Aquí son protagonistas los linfocitos quienes neutralizan los patógenos con anticuerpos. Existen varios tipos de linfocitos y estos, tienen receptores en su superficie que encajan con solo una forma molecular o un sólo tipo de antígeno. Por eso, una vez detectado el antígeno, se genera una respuesta específica para él. Así, estas células específicas de antígeno, se dividen para para crear más células que tengan esa misma respuesta de defensa específica con dicho antígeno.

¿CÓMO AFECTA EL ESTRÉS AL SISTEMA INMUNE?

El sistema nervioso autónomo, influencia la actividad del sistema inmune. Esto se ve reflejado en el efecto ‘‘freno’’ que tiene la secreción del cortisol en las distintas células del sistema inmune.

La secreción miembros del sistema inmune adaptativo se ven influenciados por el estrés. Un ejemplo es la Inmunoglobulina A, un tipo de anticuerpo presente en las mucosas del organismo que se encarga de impedir que los patógenos se instalen en ella. Pero esto también ocurre con otros miembros del sistema inmune innato, como ciertas proteínas que tienen actividad antimicrobiana. La secreción de estas proteínas está regulada por el sistema que también regula la producción y secreción de cortisol. Bajo situaciones de estrés, el patrón en el cual se secretan estas proteínas antimicrobianas cambia, lo que puede explicar por qué, el estrés aumenta la susceptibilidad enfermedades infecciosas.

Las células NK o células asesinas pertenecientes a la inmunidad innata, también se ven afectadas por el estrés crónico. Estas células, se encargan nada más y nada menos que de eliminar células cancerosas o aquellas que se encuentren infectadas. El estrés crónico se ha visto cómo disminuye la habilidad de las células NK para destruir a sus células objetivo y al mismo tiempo, la alteración en la actividad de las células NK se ha relacionado con la progresión de enfermedades virales y autoinmunes.

Sistema nervioso autónomo

A nivel dérmico, también se ve cierta alteración a raíz del estrés. La piel, tiene un papel de barrera impidiendo la entrada de patógenos en nuestro cuerpo y se ha visto como la recuperación de la integridad de la piel y de heridas se entorpece en personas que han sido sometidas a estrés agudo.

El estrés psicológico está relacionado con la supresión de los mecanismos de defensa contra los microorganismos especialmente cuando se trata de las respuestas provenientes de la inmunidad adaptativa. Es decir, se comprometen los mecanismos bajo los cuales tu cuerpo reconoce un patógeno y en consecuencia, se defiende de él. Es por eso que  los constantes estresores y la ansiedad, pueden aumentar la recurrencia de procesos infecciosos.

¿CÓMO SE PUEDE MITIGAR EL EFECTO DEL ESTRÉS?

Cómo puedes ver, vivir bajo estrés constante, compromete de muchas formas nuestros mecanismos de defensas. Y a pesar de que vivimos en un mundo en el que inevitablemente tenemos constantes estresores, hay muchas estrategias orientadas a disminuir su efecto ya que servirán para relajar la mente y por tanto, el sistema nervioso. Una de las principales, es el descansar adecuadamente. Tener las horas necesarias que el cuerpo necesita para realmente descansar, ya que la privación de sueño representa una gran fuente un estrés crónico en el organismo.

Por otro lado, la meditación, los ejercicios de respiración, el ejercicio físico, recibir sol, hacer yoga o leer son actividades que ayudarán a regular el estrés y la ansiedad. Dedicar un momento de tu día a día para alguna de estas actividades, marcará la diferencia en tu salud. Tu mente y tu sistema inmunológico te lo agradecerán.

En AD Fisioterapia Valencia puedes realizar muchas de estás actividades, llevar una dieta sana gracias al servicio de nutrición, ejercicio físico gracias al servicio de entrenamiento personal, reducir tus problemas personales o niveles de ansiedad gracias al servicio de psicología o relajar el cuerpo gracias a la fisioterapia.

INTELIGENCIA EMOCIONAL: 12 BUENOS HÁBITOS

Educación emocional

Para ti… ¿Qué es la Inteligencia Emocional?¿Cómo influyen tus emociones en tu día a día? ¿Cómo reaccionan frente a diferentes situaciones las personas emocionalmente inteligentes?

Hábitos de inteligencia emocional

La Inteligencia Emocional es la capacidad que tenemos para gestionar, comprender o manejar nuestras propias emociones. Nos ayuda a mejorar nuestra calidad de vida y a desarrollar y tener mejores relaciones con los demás.

Su gran importancia se debe a que nuestra calidad de vida es directamente proporcional a la calidad de nuestro estado mental. Por esto, es muy importante que tratemos de lograr una buena inteligencia emocional.

Sin embargo, esto nos puede resultar muy difícil si no sabemos cómo hacerlo.

6 claves para desarrollar una buena Educación Emocional:

  • AUTOCONCIENCIA: “Darnos cuenta”. Saber reconocer nuestras emociones y no dejarnos llevar por ellas. De esta forma, conseguiremos una gran fortaleza.
  • CONCIENCIA: Aprender a ser conscientes de lo que nos ocurre, lo que sucede en nuestro interior. Esto es un aspecto fundamental para aceptar el poder de nuestra vulnerabilidad.
  • AUTOANÁLISIS: Aprender a evaluar nuestras emociones y ser capaces de identificarlos. Para ello, debemos aprender a observar dónde está nuestro enfoque o hacia donde dirigimos nuestra atención. Esto nos llevará a comprender por qué surgen nuestras emociones.
  • AUTOCONTROL: Es la capacidad que debemos adquirir para saber medir nuestra paciencia y la capacidad de no reaccionar. Para ello, debemos aprender a darnos un tiempo para respirar, reflexionar y tomar distancia de la situación. Con esto, conseguiremos una mejor perspectiva y un mayor control emocional.
  • EMPATÍA: Para desarrollar una buena Inteligencia Emocional, es fundamental comprender el punto de vista de los demás o el porqué de una  situación. Es decir, ponernos en la “piel de los demás”. La empatía es necesaria para reconocer cómo se sienten los demás, eliminar la indiferencia y, por tanto, aumentar nuestro nivel de comprensión.La empatía es necesaria para reconocer cómo se sienten los demás, eliminar la indiferencia y, por tanto, aumentar nuestro nivel de comprensión.
  • AUTOMOTIVACIÓN: Aprender a dirigir nuestra atención y esfuerzo hacia las metas y objetivos a los que aspiramos. Es muy importante tener metas positivas hacia las que nos focalizamos porque si no las tenemos, nuestra atención y nuestra mente se centra en los problemas, los obstáculos y aquello que no funciona. Por tanto, para superar los momentos difíciles y no procrastinar, debemos entrenar nuestra capacidad de automotivación. Por tanto, la Inteligencia Emocional nos ayuda a controlar mejor nuestro estado de ánimo, a salir más rápidamente de espirales destructivas, a mejorar la relación con los demás y, sobretodo, con nosotros mismos.
Inteligencia emocional

Si la trabajamos adecuadamente, lograremos ver las cosas de forma más positiva. La Inteligencia Emocional está íntimamente relacionada también con el éxito profesional puesto que, las personas con mayor capacidad de gestionar sus emociones, tienen más oportunidades.

12 hábitos que tienen las personas con buena Inteligencia emocional:

1.Reconocen sus sentimientos y los de los demás

Son capaces de expresar cómo se sienten de forma correcta y tienen alta empatía

2. Expresan correctamente sus emociones y sus pensamientos

El hecho de reconocer los sentimientos y las emociones propias, les facilita el saber qué tienen que hacer o cómo comportarse. Así, saben regular la intensidad de sus emociones, tienen la capacidad de identificar qué quiere decir la emoción que sienten en cada contexto y expresarla de forma adecuada. Además, las personas con una buena inteligencia emocional, son honestos consigo mismos en la expresión de sus emociones y pensamientos.

3. Son fuertes y no se ofenden con facilidad

Se caracterizan por tener una personalidad firme. Saben diferenciar entre hechos y opiniones. Además, distinguen las críticas constructivas de aquellas que no lo son y saben distinguir cuándo les están atacando y cómo reaccionar ante ellos.

4.Reconocer cuándo se equivocan y saber rectificar

Aprender de los errores, piden perdón y saben perdonar. Así, reconocen cuándo se equivocan e intentan subsanar el daño para mejorar la situación. Están abiertos a nuevas ideas y opiniones.

5.No buscan la perfección

No buscan expectativas demasiado distorsionadas y saben que equivocarse es parte del proceso de aprendizaje.

6.Se cuidan y saben lo importante que es la salud.

Mens sana in corpore sano. Para ello, duermen las suficientes horas, llevan una buena alimentación, hacen deporte, buscan el bienestar, se alejan de las relaciones tóxicas, buscan que su entorno sea alegre… Es decir, se trata de cuidar mente y cuerpo. 

7.Incluso en momentos de adversidad, se enfocan en lo positivo

Intentan mantener el foco en lo positivo. De esta forma, ven la situación desde diferentes puntos de vista con la finalidad de buscar una solución y enfocarse en ella.

8.Saben decir NO

Ponen límites cuando es necesario y practican de esta forma la asertividad.

La asertividad es la capacidad de decir aquellos que sientes respetando tanto tus derechos como los de los demás.

9.Aprecian y valoran lo que tienen

Centran su atención en aquello que tienen y no en lo que les falta, sin frustrarse por ello. Además, saben autogenerarse momentos de felicidad.

10.Conocen sus puntos fuertes y débiles

Saben cuáles son sus fortalezas y cuáles son sus debilidades. Esta es la base de un autoconocimiento. Además, presentan altos niveles de resiliencia (capacidad de superar una caída).

11.No les asusta cambiar

Aceptan que hay cosas que no pueden controlar. Así, entienden que el hecho de cambiar formas de actuar, pensamientos o creencias, forma parte del desarrollo personal.

12.Son proactivos

Anticipan lo que puede ocurrir y se ponen en marcha antes de que la situación lo exija. Esto es propio de una mentalidad y una actitud de éxito, marcándose objetivos, metas y estrategias. Intentan aprender y centran sus energías en ello, no tienen una actitud pasiva. Para ello, deciden en qué emplear sus energías y se ponen en marcha.

Si no te identificas con la mayoría de dichas señales… ¡tranquilo! La inteligencia emocional es una habilidad cognitiva que se puede entrenar y puedes mejorar en tu vida diaria. Para ello, contamos con un servicio de Psicología al que podrás acudir para entrenar este y otros muchos aspectos de la vida diaria.

No te pierdas nuestro anterior blog de Psicología “10 Razones para ir al Psicólogo”.